TARDE CON AMIGOS (MARCOS Y DIANA)

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Semen a la madrileña

Hola amig@s ya hacía tiempo que no os contaba nada de nuestras aventuras. Si me lo permitís os voy a contar lo que le sucedió a Ricardo y a Diana mientras yo estaba esparciendo mi semilla por los Pirineos, lógicamente se va a basar en lo que los dos nos han contado a Sandra y a mi.

Como os dije ellos se iban a la costa andaluza, no habían reservado hotel, el plan era ir a pasar unos días en casa de Raúl, un buen amigo de Ricardo que le había insistido para que fuese a visitarle ya que hacía un par de años que no se veían, también querían visitar a Carla, una amiga de Diana que no pudo asistir a la reunión de exalumnas en Galicia, y en función de cómo se desarrollasen las cosas se irían por su cuenta unos días a un hotel o no. Yo no estaba muy de acuerdo en que visitasen a Carla, es lo que se llama una “mal follada”, que conste que yo esto lo aplico a mujeres y a hombres, también hay hombres “mal follados”, esta señora es un auténtico bicho, siempre despellejando a todo el mundo y procurando humillar a quien se le ocurriese intentar quedar a su altura, yo creo que se llevaba bien con Diana porque como ella quedó por los suelos debido a su embarazo en época escolar, nunca llegaría a estar a su altura. Cuando terminó el colegio no fue a la universidad, se dedicó a prepararse para ser la esposa de un ricachón amigo de su familia, se casó muy joven y virgen, él tenía casi los cincuenta cuando ella andaba por los veinte justitos y ya tenía dos hijos varones de un matrimonio anterior (anulado por la iglesia a base de “donaciones desinteresadas”). Su marido había muerto hacía poco, sus hijastros vivían en Alemania (de donde era la primera mujer) y no se llevaban muy bien con su “madrastra”. Yo no la había vuelto a ver ni a hablar con ella desde el colegio, ya que no pudimos ir a su boda, pero el sólo hecho de nombrarla hacía que se me erizase el pelo. Raúl es un descendiente de inmigrantes cubanos, nacido aquí, que hizo la mili con Rick, ahí fue donde se forjó su amistad, Raúl trapicheaba con todo lo que podía y Ricardo le seguía a todas las juergas, incluso le siguió una temporada después de licenciarse cuando a Raúl se le ocurrió largarse a Tailandia o por ahí cerca, a seguir con sus negocios, Rick volvió a España cuando los negocios de Raúl se empezaron a convertir en algo demasiado peligroso (nos había contado algo de este tipo, pero cuando llegaba a esta parte del relato solía cambiar de tema para no hablar demasiado, sólo dejaba entrever que varias veces habían confiado la vida de uno en el otro), Raúl estuvo allí varios años más hasta que se volvió para acá, dejando a sus hijos con su madre (son los que controlan sus inversiones allí) y montó varios negocios aquí que le hacían disponer de una situación económica muy holgada.

Bueno, volviendo al viajecito, debió trascurrir casi sin acción como el nuestro, algún beso, alguna caricia, pero nada de polvos. Cuando estaban cerca de destino llamaron a su amigo, éste les dijo que no podía comer con ellos, que le había surgido un problema en uno de sus negocios. Así que fueron a comer a un restaurante cercano. Había poca gente por lo que no tuvieron problema para encontrar mesa, como a unos 10 metros había una mesa con una familia, los dos hijos ensimismados con sus móviles y el padre con su maravillosa tablet, sin hacerle ni caso a su mujer, ella parecía muy interesada en un joven de la barra, le miraba fijo a los ojos sin apartarlos, como a los diez minutos ella se levantó, se acercó a la barra a decirle algo al camarero (supongo que a preguntarle por los baños) y rozó la espalda del hombre, se dirigió contoneándose al baño dedicándole una última mirada, poco después el chico siguió el mismo camino, estaba claro que iban a tener sexo y que su marido no se iba a enterar ni de que faltaba alguien en la mesa. Diana llevó su mano a su sexo y se lo acarició con disimulo durante unos segundos,

Paga la cuenta y vamos a casa de tu amigo, quiero descansar un poco – estaba cansada del viaje, pero antes de dormir quería un poco de sexo.
Cuando llegaron Diana se llevó un pequeño chasco, tanto hablar de la pasta que tenía su amigo y su casa parecía de lo más normalito, estaba como en un rincón de la urbanización, lo que hacía que la entrada fuese apenas la puerta de las personas y del coche y se veía una casita pequeña, nada del otro mundo. Ricardo la miró y se sonrió, a Diana se le notaba la cara de chasco. Tocó el claxon dos veces y salió una persona con uniforme de seguridad, lo que descolocó a Diana. Una vez verificada su identidad les dejó pasar. Dirigieron su coche por el camino dejando la casa a su izquierda, pasaron un grupo de árboles muy altos, entonces llegaron a la casa de Raúl, la otra la ocupaba el personal de seguridad (de una de sus empresas) y una familia que vivía allí permanentemente como personal de servicio. La casa era muy grande, de dos plantas y un ático, nadie diría desde fuera que ese caserón estaba allí, desde luego era una casa muy discreta. Cuando aparcaron salió a recibirles una mujer (Tania) preciosa, rubia, alta, con un uniforme de chaqueta y falda oscuras y camisa blanca, pero se notaba que no era una más del personal de la casa, era la asistente de Raúl.

Les estábamos esperando, deje las llaves puestas y no se preocupe de las maletas, se las subirán a su habitación. Si me siguen les enseñaré la casa y luego podrán descansar.
Les enseñó el impresionante jardín, la piscina cubierta en la parte trasera de la casa, con una barra para tomar copas, unos sillones, tumbonas y un yacuzzi. Ricardo no perdía ojo del culo de la chica, que se marcaba sutilmente por su ajustado uniforme, y tampoco de sus pechos, aunque tenía abrochados demasiados botones para poderlos apreciar. Luego pasaron al interior, vieron las zonas comunes y subieron a la primera planta, había dos habitaciones de invitados y, tras una gruesa puerta, tres habitaciones en la zona privada (a esta zona no podía acceder nadie sin permiso, por lo que tenían toda la intimidad que quisiesen), una era de Raúl, otra libre y la que ocuparían Diana y Rick. Los llevó a su habitación y se alejó con la mirada de Ricardo en su culo. Disponían de una cama de 2×2 m y una bañera recubierta de teselas color aguamarina en la misma habitación, junto a las ventanas del balcón, también disponía de un vestidor, que comunicaba con el baño de la habitación.

¡Vaya pedazo de casa tiene tu amigo! ¿En qué anda metido?
Mejor no preguntes ese tipo de cosas y menos a él, sólo disfruta.
Desde luego quiere intimidad, nadie podría saber desde fuera lo que hay aquí.
Eso es justo lo que quiere, cuando hace alguna fiestecita más pública tiene otra casa más “aparente”.
Ricardo entró al baño y Diana empezó a llenar la bañera, con la vegetación del jardín parecía que estaba en la selva. Colocó la ropa en los armarios y le obligó a Rick a hacer lo mismo.

Diana se quitó su ropa y la fue dejando por el camino hasta la bañera, se metió en el agua caliente.

O sea que me haces colocar mi ropa y tú la dejas toda tirada – dijo Ricardo.
Era por si no encontrabas el camino hasta aquí, con lo grande que es la habitación…
Ricardo se desnudó ante la atenta mirada de mi mujer, que esperaba con muchas ganas ver su pene.

Veo que ya está bastante despierto…
Ya sabes que cuando lo miras así, adquiere vida propia.
¡Ja, ja! Ven, que me tienes caliente desde hace un buen rato-dijo Diana poniéndose de rodillas en la bañera.
Ricardo se aproximó con su polla casi totalmente erecta, Diana abrió su boquita y metió la punta sin usar las manos, empezó a lamerle el capullo. Ricardo miraba esos labios pegarse a las formas de su pene, le encanta cómo ronronea al mamarla, cómo presiona con su boca cuando pasa del capullo al tronco y al revés. Diana miraba a los ojos a Ricardo, se sabía dominadora en cuanto le rozaba su “cosota”:

Se nota que tienes ganas de metérmela, aunque seguro que no te importaría que siguiese un rato así, ¿verdad?
¡Dios, no pares! ¡Eres maravillosa!
Pero yo tengo mi coñito demasiado caliente y estoy un poco cansada del viaje, así que métete en la bañera, que quiero follar ya.
Ricardo se metió dentro del agua y Diana se puso de pie, poniendo un pie a cada lado de Rick. Empezó a bajar agarrándose a los bordes de la bañera hasta que la punta le tocó la entrada de su vagina. Empezó a rozar la entrada con el glande, atrás y adelante y en círculos, pero sin meterlo dentro, rozando todo lo que podía su clítoris. A Diana le estaba gustando, pero Ricardo ya no aguantaba más, aunque sabía que si se precipitaba y se la intentaba meter se quedaría sin polvo. Cuando se le cansaron las piernas se dejó caer y se ensartó,

¡Ahhhh! ¡Qué gusto notarla hasta arriba! – ya no usaban preservativo, Ricardo sabía bien cuales eran las reglas en cuanto a follar fuera de nuestro cuarteto y como no podía tener hijos…
Le apretó todo lo que pudo el pene con los músculos de la vagina, para demostrarle quién tenía el mando.

Joder Diana, me la vas a reventar.
Empezó a subir y a bajar despacio al principio. Ricardo le mordía sus pezones, que estaban duros como piedras. El calor del agua, las ganas acumuladas durante el viaje, Diana notaba que no aguantaría mucho más, así que aceleró sus movimientos. El agua salpicaba para todos los lados (menos mal que era una bañera de obra con los bordes más altos de lo normal).

¡Ah, ah, me corroooo! – gritó Diana.
Al momento notó la leche de Ricardo dentro,

Tú también estabas calentón, he notado los chorros bien dentro.
Se sacó la polla de Ricardo y se fueron a secar.

Déjame que te la limpie yo – le dijo mi mujercita mimosa.
Se sentó en el borde de la cama y le chupó la polla hasta tragarse los pocos restos de semen que quedaban, secó con todo cuidado su polla con una pequeña toalla y luego cogió un poco de aceite de baño, extendiéndoselo por su polla y sus testículos.

Así la dejo lista para el siguiente asalto…- le dio un besito en la punta y ambos se acostaron en la cama desnudos.
Estaban bastante cansados así que se durmieron enseguida, desnudos sobre la cama (fue cuando nosotros les llamamos por teléfono y no contestaban). A Diana le pareció medio en sueños que alguien la observaba junto a la cama, pero se volvió a quedar dormida. Cuando se despertaron vieron nuestra llamada y nos llamaron para contarme su plan. Después llamaron a Carla para quedar con ella al día siguiente.

Baja tú si quieres mientras yo me ducho y así vas hablando con Raúl de vuestras cosas.
Se dio una buena ducha, sin prisas, preparó una ropa cómoda para vestirse y abrió al balcón, se oía a Ricardo y a otro hombre hablando. Para su sorpresa Ricardo le estaba contando toda nuestra relación al hombre, lo que no le hizo mucha gracia a Diana. Se vistió y al bajar le preguntó a Tania dónde estaban. Estaban en el patio, tomando un café, al verla se levantaron a saludarla. Ricardo se la presentó y Raúl le dio dos besos. La verdad es que el hombre era impresionante, medía casi dos metros, muy musculoso, con algunos tatuajes, mulato (padre negro y madre blanca), usaba un perfume con base de tabaco que le encantó a mi mujer.

Después de una larga charla fueron a cenar. Había una mujer que estaba permanentemente pendiente de que no les faltase comida o vino. Después de una opípara cena pasaron a un saloncito en el que Tania les sirvió unas copas y les dejaron solos.

¿Qué pasa, sólo tienes mujeres en la casa? – le dijo Diana.
Ricardo la miró con los ojos como platos, pensando que podía decir algo inapropiado.

¡Ja, ja! Pues la verdad es que sí, los chicos de seguridad no entran en casa y los jardineros tampoco. Espero que no te sientas molesta.
Ni mucho menos, ya me ha contado Ricardo que os debisteis cepillar a casi todas las solteras y casadas que vivían donde hicisteis la mili – los tres rieron con ganas.
En un momento que se quedaron solos Diana le dijo a Rick:

Porqué narices le has contado todo lo de los cuatro, ¿era necesario?
Sí lo era, Raúl aprecia mucho a Sandra, incluso la llama de vez en cuando y no se tragaría una mentira. No te preocupes, no se ha escandalizado lo más mínimo y desde luego no contará nada.
Cuando regresó continuaron la conversación, sin entrar demasiado en el tema de su estancia en Asia y sus “negocios”, se limitaron a hablar de cosas banales. Diana estuvo tentada de preguntarle si había sido él el que había entrado en la habitación por la tarde, pero no lo hizo.

Ya era un poco tarde y las bebidas estaban haciendo su efecto, así que optaron por irse a dormir, se volvieron a acostar desnudos y Diana se durmió pensando si volvería a entrar en la habitación.

Cuando se despertaron Raúl ya se había ido, desayunaron, cogieron el coche y se fueron hasta una localidad a unos 70 kilómetros de allí, a encontrarse con Carla. Como hacía muchos años que no me veía a mi, el plan era que ella pensase que Ricardo era yo, porque si se olía algo sería como poner un anuncio en televisión, se enterarían todas nuestras amistades en muy poco tiempo. En todo caso sólo pensaban comer con ella y largarse lo antes posible.

Habían quedado en un café del puerto, al llegar ella ya estaba en una de las mesas, se saludaron y Diana hizo las presentaciones, Carla le clavó los ojos inquisitivamente a Ricardo. Ella iba con un vestido claro, vaporoso, se notaba que tenía una gran figura a pesar de los años, aunque buena parte de la culpa de su cuerpo era de su entrenador personal de musculación, su peluquero, su dietista y de un mago del bisturí, poco quedaba de sus rasgos un poco apueblados que tenía en el colegio, de lo poco que no se había retocado eran sus pechos, grandes y todavía bastante firmes a base de baños, cremas y otros tratamientos reafirmantes, llevaba un generoso escote que permitía ver buena parte de ellos, lo que no se le escapó a Rick. Tomaron el aperitivo y fueron a un restaurante cercano a comer, allí les dijo que de ninguna manera les permitiría que se fuesen sin cenar en su casa y quedarse a dormir, los planes se empezaban a torcer y los riesgos iban aumentando demasiado. Después de comer llamó a su chofer y Ricardo siguió al coche hasta la casa de Carla. Si la casa de Raúl era tremenda, esta estaba en un nivel muy superior, pura ostentación.

Los llevó a su habitación y le dijo a Diana que podía coger cualquiera de sus vestidos para la cena que había preparado con varios de sus amigos más íntimos. La muy zorra sabía de sobra que Diana no podría ponerse unos vestidos que le quedaban grandes de todos los lados, así que no les quedaría más remedio que asistir con la misma ropa que llevaban, inadecuada para la cenita.

Había invitado a 5 parejas amigas suyas, cuando Diana las vio se arrepintió de no haberme hecho caso y de haber llamado a esa zorra. Todos los chicos iban impecables y ellas con unos vestidos que parecía que iba a venir la prensa, con una cantidad de joyas encima cuyo valor haría marear a cualquiera. Vamos que les intentaba dejar por el suelo, como en el colegio. Después de cenar se pusieron a charlar en el jardín, los hombres por un lado y las mujeres por otro, Diana veía como Rick quedaba aislado sentado junto a una mesa y los otros hombres charlaban entre ellos sin hacerle caso. Carla despellejaba con las otras a toda la barriada, sin perder ocasión para tirarle alguna pulla a Diana, como veía que no se molestaba, al final le tocó a Ricardo, en un momento determinado le soltó:

Diana, con lo resultona que eres cómo se te ocurrió atarte a ese hombre, sinceramente podrías haber aspirado a algo más.
Las otras se rieron disimuladamente, Carla siguió un rato más con lo mismo, hasta que Diana cometió un gravísimo error, quiso contraatacar:

¿Quieres saber qué me atrajo de él?
Sí por favor, ayúdanos a comprenderlo, ¡ja, ja!
Se levantó y se sentó junto a Rick, le empezó a decir al oído lo que quería que le hiciese esa noche. El pene de Ricardo empezó a crecer y como usaba bóxer de tela, se le marcaba a lo largo de su pierna. Diana se quedó mirando al grupito de pijas, puso la punta de su dedo en la base del pene y empezó a deslizarlo lentamente a lo largo, se notó cuando llegó al finar porque su dedo se fue contra la pierna, todas se quedaron con la boca abierta. Le dio un pico y se fue contoneándose hasta el grupito, ya no se reía ninguna, pero Carla tenía una expresión de extrañeza, no de envidia como las otras.

Cuando terminó la reunión Rick se fue a la habitación, Diana fue hasta la habitación de Carla a por un camisón, ella estaba con el portátil,

Ven un momento Diana, quiero que veas una cosa…
Y vino el desastre, estaba en la página del grupo de empresas de mi familia y allí estaba yo con mi mujercita en varias fotos, alguna de ellas muy recientes.

No se parece mucho al Marcos que está en mi casa.
Diana se quería morir, la había pillado totalmente y todo porque en su época de colegio (cuando quedó embarazada) había charlado con ella sobre el tamaño de mi pene, que lógicamente no tenía nada que ver con el que había presumido en la fiesta. No le dijo nada, se limitó a coger una camiseta e irse a su habitación.

¿Qué te pasa Diana estás blanca? – le dijo Rick.
Diana le explicó lo que había sucedido.

No te preocupes, a lo mejor no dice nada…
Pero Diana tenía claro que sí lo diría.

Fóllame Ricardo, hazme gritar como nunca, quiero que esa zorra se muera de envidia, así tendrá algo más que contar.
Ricardo se aprovechó esa noche y le dio todo lo que pudo, además ella gritó a pleno pulmón y dejaron algo abierta la puerta para que Carla no pudiese evitar oírles (imagino que les oiría toda la urbanización), Ricardo sólo se corrió una vez, pero estuvieron un par de horas con sus juegos. Cuando terminaron Ricardo se durmió agotado, mi mujer todavía seguía dándole vueltas al asunto, así que se levantó a beber algo fresco a la cocina, allí estaba Carla,

¿Ya habéis terminado? Vaya escándalo que habéis montado.
Discúlpanos.
Las dos se volvieron a quedar calladas.

Mira Carla, no quiero que me juzgues mal, te quiero explicar lo sucedido – Diana estaba arriesgando mucho contándoselo.
Diana le contó bastante de lo nuestro, no demasiado de Rick y nada de Sandra, para que les afectase lo menos posible si se iba de la lengua. Carla se quedó pensando,

¿Cómo es?
No te comprendo Carla.
Que cómo es hacer el amor con un tío tan dotado, mi marido tenía un pene bastante pequeño y además le tenía que poner una inyección en el pene para que consiguiese una erección.
Se le abrió el cielo a Diana, no podía desaprovechar la ocasión, le contó parte de sus asaltos sexuales con todo lujo de detalles y le preguntó si ella no había vuelto a hacer el amor con nadie desde la muerte de su marido.

Bueno, hay un hombre divorciado de aquí con el que alguna vez lo he hecho, pero es un poco frío, bueno o quizá lo sea yo. Desde luego no me ha hecho gritar nunca como tú esta noche.
Si yo te dijese que hasta hace poco era una mojigata que no había disfrutado del sexo apenas. Incluso con mi marido ahora tengo unos orgasmos como no he tenido en los años anteriores. Necesitas disfrutar un poco y dejar de estar tan encorsetada, la vida es corta y tú todavía puedes dejar seco a más de uno, ¡ja, ja!
Diana le dijo que porqué no iba con ellos a conocer a Raúl, que estaba muy bien, que Ricardo le había dicho que estaba “muy bien servido”, que no tenía pareja, que se conociesen y si los dos conectaban, que se lo tirase, nada de compromisos. Carla tenía sus dudas, pero quedaron en que Diana consultaría si era posible que ella fuese y luego la llamaría.

Al día siguiente Diana estaba más animada, cuando se fueron en el coche de vuelta a casa de Raúl le explicó su plan.

Casi seguro te dirá que no, más teniendo en cuenta lo chismosa que es, no creo que quiera meter a una persona así en su casa.
Raúl me tiene que ayudar, me lo he jugado todo a una carta y si no acepta no creo que tarde ni un día en difundirlo entre todas las personas conocidas de mi ciudad.
Se lo explicaremos, pero no confiaría en que aceptase, algunos de sus negocios no son todo lo legales que debieran y no quiere publicidad.
Cuando llegaron le explicaron a Raúl lo que había pasado,

O sea que pretendes que me lleve a mi cama a una persona que no dudaría en contar todo lo que viese u oyese aquí, sería como meter a un periodista en mi casa – la cara de Raúl era muy seria.
Me tienes que ayudar, me arruinará la vida, me tendré que cambiar de cuidad…- mi mujer estaba punto de llorar.
Supongamos que consigo llevármela a la cama, nada evitaría que contase lo tuyo después – Diana sabía que tenía razón – Bueno, dime quién es, tuve negocios en esa localidad y puede que la conozca.
Raúl le hizo muchas preguntas, cuando le dijo dónde vivía y quién era su marido Raúl se sonrió.

Acepto, pero con una condición.
La que quieras – le dijo aliviada Diana.
Le haré lo que quiera, sin limitación, si no conseguimos que haga algo verdaderamente vergonzoso, no le taparemos la boca.
Hazle a esa zorra lo que quieras – le dijo Ricardo.
Estoy de acuerdo – le dijo Diana, aunque eso de no poner límites…
Raúl sonrió ampliamente.

¿La conoces verdad? – le dijo Diana.
En efecto la conocía, cuando volvió a España adquirió unos terrenos para montar un negocio, Carla y su difunto marido eran los cabecillas que convencieron a todos los de la urbanización para que se negasen y consiguieron paralizarlo, esto hizo que Raúl quedase muy mal parado frente a sus socios, podría haber sido su ruina, pero al final le salió bien, hubo una misteriosa recalificación, ampliaron la urbanización y los terrenos se vendieron a muy buen precio (de hecho un trozo se lo compró Carla para ampliar su finca) y Raúl recuperó parte del respeto de sus socios, pero siempre le quedó esa espina clavada.

En todo caso, aunque no me la pueda tirar, te puedo asegurar que no hablará de ti.
¿Por qué?
La información es poder y no hay que usarla hasta que no llega el momento, si puedo evitar sacarla, mejor, pero yo dormiría muy tranquila.
Diana estaba muy contenta, llamó a Carla y le dijo que cogiese ropa para pasar los cuatro días que les quedaban con ellos.

Al día siguiente se presentó Carla, traía equipaje como si fuese a irse dos meses de casa, por supuesto no subió más que su bolso de mano, el resto se lo subieron a su habitación en la zona reservada.

Los cuatro pasaron el día por la localidad, visitando lugares típicos. Raúl estuvo encantador con Carla, muy pendiente en todo momento de todo. Fueron a cenar a su casa, después de cenar se retiraron a un saloncito y Tania les preparó personalmente las bebidas. Todo eran risas y buen rollo, más después de su tercera copa. Mi mujer se notaba especialmente cachonda, no paraba de rozar sus piernas para presionar su coñito.

¿Qué tal si nos damos un baño en la piscina? – sugirió.
Carla no estaba muy convencida, pero al final aceptó, los chicos se cambiaron enseguida y fueron a la piscina, Diana se puso un tanga bastante escandaloso y pasó a recoger a su amiga, que llevaba un bañador de una pieza, muy caro, muy discreto, muy aburrido.

¿No tienes nada con menos tela? A este paso no te lo vas a tirar.
Al final se puso un biquini bastante discreto, pero era lo más atrevido que tenía.

Cuando llegaron los chicos le silbaron a Diana por su escaso modelito. Se dieron un baño, pero Diana no era capaz de quitarle las manos de encima a Ricardo, casi notaba cómo le latía su vagina, se había acariciado antes de bajar y dentro de la piscina, pero necesitaba más. Se salieron y fueron al yacuzzi, Tania les trajo otra copa y se despidió hasta el día siguiente. Después de las bebidas todo les parecía gracioso y mi mujer estaba todavía más cachonda, no iba a esperar a subir a la cama, hizo que Ricardo se sentase en el borde y le bajó el bañador sin importarle estar acompañada. Le empezó a acariciar la polla, que empezó a crecer, miraba a los ojos de Rick y también a la otra pareja y comenzó a chupársela, introducía todo lo que podía la polla dentro y se ayudaba también meneándosela arriba y abajo y girando su mano, Ricardo tenía los ojos cerrados y gemía de gusto.

¿No pensáis follar vosotros o qué? – les dijo Diana – Sácasela tonta, que seguro que le está reventando el bañador.
Raúl se sentó al borde, el bañador se tensaba enormemente con su polla, pero ella no se atrevía a hacer nada, así que Raúl optó por ponerse de pie y bajarse él el bañador. Diana se quedó con los ojos fijos en semejante monumento, había varias cosas que resaltaban de él, en primer lugar el color de su pene y escroto era mucho más oscuro que el resto de su cuerpo, casi totalmente negros, en segundo tenía unos testículos bastante gordos, en tercero tenía un pene que ya de por si llamaba la atención, algo menor que el de Ricardo, muy grueso, circuncidado, inclinado hacia arriba (según Diana el más perfecto que había visto hasta ese momento), con un capullo muy gordo, pero lo que definitivamente llamaba la atención eran unos bultos a lo largo de todo el pene, tres por arriba y otros tres a cada lado, al principio pensó que era una enfermedad o algo por el estilo, pero luego supo que eran bolas insertadas bajo la piel (algunos incluso se ponen una especie de cascabeles), las tres de arriba se las había insertado él mismo como demostración de su hombría y las de los lados un cirujano, todo durante su estancia en Asia.

¿A qué esperas? – le dijo Raúl.
Es que no me gusta hacer sexo oral – contestó Carla.
Se le notó que no le había gustado nada la respuesta, no era un hombre acostumbrado a que le dijesen que no, así que Diana tuvo que intervenir para que no se enfriase todo,

Anda Ricardito, ocúpate de mi amiga, que quiero probar un poco de eso que tiene tu amigo.
Diana se fue donde estaba Raúl y se la agarró, no la podía abarcar con una mano. Mirando hacia un lado pudo ver cómo Ricardo tenía ya los pechos de Carla fuera y la masturbaba por encima de la braga. Mi mujer lamía el capullo a la vez que lo pajeaba con una mano y acariciaba sus testículos con la otra, ni se había acordado de ponerle un condón. Se le hacía raro notar las bolitas al pasar la mano por el tronco de su pene, no sabía si presionar mucho, por si le hacía daño. Oyó un gemido muy fuerte y se volvió a mirar, Ricardo tenía a Carla totalmente desnuda, de costado y él la penetraba desde atrás, sus pechos se movían arriba y abajo con los empujones. Diana necesitaba polla con urgencia, su coño le dolía, así que le puso un condón y le indicó a Raúl que se sentase dentro del yacuzzi para montarlo. Recibió con alivio, aunque no sin dificultad, el pene dentro de ella, se quedó unos segundos sin moverse para disfrutarlo y para permitirle que mordiese sus pezones. Empezó a subir y a bajar lentamente, pero su coño le ardía, necesitaba correrse ya, así que aceleró el ritmo a la vez que se tocaba su clítoris,

¡Me corroooo!
No sabía qué le pasaba, estaba como en un orgasmo continuo y cada vez que una de las bolas entraba o salía de su coño sufría una descarga mayor, jamás le había pasado algo tan fuerte, después de no sé cuántos orgasmos se quedó rendida sobre el hombro de Raúl. Había tenido suficiente para toda la noche, aunque el coño le seguía pidiendo más, le seguía doliendo. A Carla le debía pasar algo parecido, porque estaba gritando como una verdadera actriz porno, Ricardo la había puesto para follarla en la postura del misionero. Mi mujer se puso a cuatro cerca de Carla para que Raúl la penetrase.

Métela despacio, a ver si me vas a reventar.
Se la metió muy despacio, Diana emitió un gemido de gusto cuando notó la pelvis de Raúl apoyada contra su culo. Empezó a entrar y salir, Diana le empezó a amasar con una mano el pecho de Carla, que la miró un poco sorprendida, pero estaba como en trance y volvió a cerrar los ojos. Al poco mi mujer volvió a sentir otra vez lo mismo, pero esta vez con más intensidad si cabe, porque Raúl se iba a correr y estaba acelerando su ritmo,

¡Dios, me muero de gusto, esto no se puede soportar! – gritó Diana.
Notó como Raúl clavaba los dedos en su cintura y le introducía su polla más dentro hasta que se quedó quieto, lo que indicaba que se había corrido. Carla también empezó a gritar y al momento Ricardo. Todos estaban algo borrachos, sudorosos y muy cansados, así que optaron por irse a la cama, pero Diana quería charlar un poco con Carla, se metieron un rato más en el yacuzzi completamente desnudas,

¿Qué tal?
Muy bien, casi igual de cansada que en el gimnasio, pero con una sonrisa más grande – le contestó Carla entre risas.
¿Por qué no le quisiste hacer seo oral?
La verdad es que a mi marido se lo hice un par de veces y no me agradó demasiado.
Tampoco yo lo hacía antes, pero ahora estoy hecha una experta y sé que te gustará comerte una como la de Raúl.
¿Crees que debo ir a su habitación ahora? La verdad es que sigo bastante cachonda.
Creo que es mejor que se lo compenses mañana, si estás cachonda puedes consolarte tú solita, porque a Ricardo no te lo presto, que voy a ver si lo pillo despierto, yo también sigo con ganas.
La acompañó a su habitación, pero mi mujer quería preguntarle algo a Raúl antes de dormirse, llamó a su puerta y entró,

¿Nos habéis puesto algo en la bebida de Carla y la mía?
¿Por qué piensas eso?
Porque no me creo que ella se pusiese a follar delante de nosotros sin importarle lo más mínimo y porque todavía me arde el coño.
¡Ja, ja! Sí que puso algo, pero no te preocupes, es inofensivo.
Pues dile a tu asistente que yo no lo necesito, me caliento yo solita.
Por cierto, si necesitas más ejercicio…
En condiciones normales no lo dudaría, pero te vas a quedar con las ganas por haberme puesto eso en la bebida.
Se fue a la cama, Ricardo ya estaba durmiendo, así que cogió un poco de aceite corporal y se masturbó hasta quedarse dormida.

Al día siguiente Raúl se fue pronto, como casi siempre, pero sus tres amigos se levantaron bastante tarde. Pasaron lo poco que les quedaba de mañana bañándose en la piscina y descansado, a Carla se la notaba bastante cortada. Después de comer Ricardo se acostó y las dos chicas estuvieron charlando toda la tarde. Diana volvió a animarla a que se soltase, que iba a intentar que esa noche fuese especial y que esperaba que ella colaborase. Quedaron con Raúl para cenar en un restaurante, Carla llevaba un vestido negro, con un pequeño escote en la espalda, muy elegante, pero muy soso. Mi mujer llevaba un vestido malva, anudado en un hombro y dejando el otro al aire, con un sujetador sin tirantes y poco relleno, para que se marcasen un poco sus pezones y un tanga blanco transparente, estaba muy elegante, pero a la vez muy sexy. Después fueron a tomar una copa en una discoteca y a bailar un poco, Carla miraba con envidia cómo todos los hombres se fijaban en Diana.

Volvieron a casa, Tania les estaba esperando para prepararles la última copa, Diana se quedó pensando si le habría vuelto a mezclar algo, pero confió en que no lo hubiese hecho. Cuando se marchó Tania se quedaron los cuatro sentados en los sillones, charlando animadamente. Diana se levantó a preparar otra bebida para todos. Ya era un poco tarde y no parecía que nadie quisiese hacer nada, ¿habría puesto algo hoy en la bebida de Carla? Había que lanzarse ya, si no quería irse a la cama a dormir. Diana se levantó del sofá y se situó en medio del salón, llamó a Carla para que fuese hasta allí. Se puso detrás de ella,

Vamos a mostrarles a estos chicos lo que se pueden comer esta noche…
Bajó la cremallera del vestido de Carla y lo dejó caer al suelo, dejándola sólo en ropa interior, de encaje negro, con algunas partes y lacitos en rojo, el sujetador tenía la media copa superior transparente y reforzada la de abajo para aguantar sus pechos, una braga un poco grande, con el liguero incorporado y medias negras.

Vaya zorrilla, no pensabas follarte a nadie esta noche y por eso te has puesto un conjunto tan decente, ¿no? – le dijo sonriendo Diana.
Mi mujer se quitó también su vestido y el sujetador, quedándose sólo con el tanga blanco transparente. Le desabrochó el sujetador a Carla y le sostuvo los pechos desde atrás, mostrándoselos a los hombres, le pellizcó ligeramente los pezones. Luego puso las manos en los hombros de Carla y presionó hacia abajo para que se arrodillase. Diana se arrodilló a su derecha,

¿Dispuesta para lo que sea? – le preguntó Diana a Carla.
Sí – contestó Carla, no muy convencida.
Diana sonrió, miró a Ricardo y le indicó con el dedo que se acercase. Él dejó la bebida en la mesa y se acercó a las dos mujeres.

Las manos atrás, ya te diré cuándo puedes usarlas – le dijo Diana a Carla.
Diana comenzó desabrochando el cinturón, luego le bajó la cremallera y desabrochó el pantalón, dejándolo deslizar hasta el suelo, muy lentamente, mirando muy sonriente a Rick y a Carla, que apenas retiraba sus ojos del bóxer. Puso sus dedos en la parte superior, lo bajó un poco y le besó el pubis, luego extrajo su pene, que ya estaba totalmente erecto, lo orientó hacia Carla y comenzó a masturbarlo. Carla pensó que era una invitación, abrió su boca y aproximó su cabeza para mamarlo, Diana le frenó la cabeza con su mano,

¿Qué crees que estás haciendo zorrilla? Esta es mi polla y no te he dado permiso para que la toques o la chupes.
Carla se quedó un poco desconcertada, miraba a Diana y a Rick. Diana comenzó a lamer el capullo y después de dedicarle una sonrisa maliciosa a Carla se la introdujo en su boca, le dio unas cuantas mamadas profundas y volvió a meneársela unos segundos. Llamó con el dedo a Raúl. Carla pensó que ese era su turno, así que se orientó un poco hacia su izquierda muy sonriente. Diana abandonó el pene de Rick y volvió a hacer lo mismo con Raúl, en el momento en que mi mujer orientó el pene hacia Carla, ésta intentó mamarlo, pero recibió un fuerte tirón de pelos hacia atrás,

Esta no la querías ayer, así que no tienes derecho a ella – le dijo Diana de manera firme.
Ahora sí que estaba desconcertada, la había animado para practicar sexo oral y ahora no se lo permitía. Mi mujer empezó a menear los dos penes a la vez y se introdujo el de Raúl en la boca, después de un rato,

¿Quieres tenerlos para ti?
Sí.
Pues vas a tener que ganártelos.
Carla no comprendía. Diana levantó un poco su culo y abrió las piernas, entonces Carla entendió lo que quería,

¿A qué esperas?
Carla se tendió de espaldas tras mi mujer e introdujo su cabeza bajo su sexo, ladeó el tanga y comenzó a lamerle su coño,

Bien, zorrilla, muy bien.
Diana miró a Raúl que estaba muy sonriente, se notaba que estaba muy contento con lo que veía. Después de un rato Carla comenzó a lamer el culito e introdujo dos dedos en el coñito de mi mujer, que entraron con mucha facilidad,

¡Uhhhh! Veo que vas aprendiendo, ¡sigue, sigue!
Tras unos minutos de sexo oral Diana quería más, así que hizo que se incorporase,

Espero que seas capaz de satisfacerles, quiero verte.
Se sentó en el sillón y dejó a Carla mamando a los dos hombres,

Utiliza las manos y no te olvides de sus testículos.
Se veía que se esforzaba por complacerles, pero le faltaba mucho rodaje, aunque no se negaba a hacer nada de lo que le indicaban. Diana se había quitado el tanga y estaba masturbándose en el sillón,

Traer a esa zorra aquí, quiero ver cómo se la metéis.
La llevaron al sofá y la desnudaron, Raúl se sentó y pusieron a Carla a cuatro para que se la chupase, mientras Ricardo la tomaba desde atrás. Los golpes de la pelvis de Rick contra el culo de Carla resonaban en la habitación, los gritos que profería no se sabían si eran de dolor o de puro gusto, se corrió dos veces,

Ven Rick, yo también necesito atenciones.
Ricardo se salió de Carla y se sentó para dejar que Diana se empalase, Carla hizo lo mismo con el otro hombre,

¡Dios qué bueno! – exclamó al tener la polla de Raúl dentro.
Las dos se movieron rápido, Diana se corrió antes y cuando le llegó el turno a Carla, le pasó lo mismo que a mi mujer el día anterior, seguro que le habían vuelto a poner algo en la bebida,

Quítale el condón y que se corran en nuestro pecho.
Carla lo hizo sin rechistar, le empezó a masturbar a la misma vez que Diana, incluso metió el pene entre sus pechos un rato. Primero se corrió Rick y luego Raúl, las chicas estaban sudorosas y cubiertas de semen, seguro que si la viesen ahora sus amigas de la fiestecita tendrían tema de conversación para un año entero.

Era muy tarde y estaban cansados, así que se fueron a sus habitaciones a asearse y descansar.

Diana se despertó a media noche, tenía sed, así que, desnuda como estaba, se levantó al frigorífico que había en la primera planta, se sirvió agua y cuando volvía a la habitación oyó gemidos en la habitación de Raúl. Empujó la puerta que estaba entreabierta y vio a la pareja follando, ella estaba de pie con las manos apoyadas en un mueble y él la penetraba desde atrás, muy lentamente, ella la miró un instante, pero volvió a cerrar los ojos, estaba desesperada por correrse, pero cada vez que Raúl lo detectaba, se quedaba quieto para que no llegase. Diana se quedó allí, tocándose su clítoris, cada vez le gustaba más ver cómo otras personas practicaban sexo junto a ella. Raúl se salió y se tumbó en la cama, Carla lo empezó a cabalgar dándole la espalda y con sus dos manos se abrió el culo invitándole a que introdujese un dedo, cosa que hizo. Diana se sentó en un pequeño sillón y abrió sus piernas para poder tocarse con libertad. Carla se corrió después de unos diez minutos, se mordió el labio para no gritar, agarrándose a los tobillos de Raúl, casi a la vez Diana se corrió, se levantó del sillón y cerró la puerta, dejándolos para que pudiesen seguir cuanto quisiesen.

Al día siguiente el despertar fue muy duro, la primera que se levantó fue Diana, que me llamó para explicarme lo que había ocurrido, estaba muy contenta, porque con lo sucedido creía que era suficiente para cerrar la boca de Carla. Luego fue a despertar a Rick, le invitó a darse una ducha juntos, tenía ganas de jugar un rato. Aunque no lo sabían, también la otra pareja había hablado esa mañana, antes de que Raúl se fuese a su oficina. Diana pasó a por Carla para bajar a desayunar, le dio un beso en los labios para darle los buenos días, cosa que aceptó sin rechistar. Durante el desayuno los tres estaban muy risueños, aunque Carla se quedaba a veces ensimismada pensando. Luego bajaron a la piscina, las chicas estuvieron tocando a Ricardo y poniéndole muy “nervioso”. Un poco antes de comer llegó Raúl, fue hasta la piscina y se sentó en una silla, Carla se fue hacia él moviendo su culo, se sentó en sus piernas y le dio un beso en la boca, largo y húmedo.

Estuvieron comiendo en casa, cuando terminaron fueron a tomar un café en la sala de arriba. La conversación era sobre cosas de poca importancia, hasta que en un momento,

Bueno Carla, ¿has tomado una decisión? – le dijo Raúl.
Mi mujer y Rick se miraron sin saber de qué iba todo. Carla miró a Diana, luego volvió la vista a Raúl y bajó la vista,

Sí, lo acepto.
Bien, entonces Tania os acompañará a por todo, Ricardo vendrá conmigo y así os dejará tranquilas.
Los chicos se marcharon y Carla le explicó a Diana de qué iba todo, Raúl le había explicado que él no quería una relación estable, que no le importaría tener con ella relaciones esporádicas, pero que sus gustos sexuales eran bastante más “duros” y le había sugerido que los probase.

Tania las pasó a recoger con el coche y se desplazaron a un almacén, era una distribuidora y fabricante de artículos de sexshop (uno de los negocios más legales de Raúl).

Yo iré con Carla a comprar lo que necesita, puede comprar lo que quiera señora, todo corre por cuenta del señor Raúl, si necesita ayuda puede llamar a alguna de las chicas.
Eligió un buen montón de cosas para ella, botas, corsés, ropa interior. Estuvo casi sin ver a las otras durante dos horas, después de terminar les empaquetaron todo, se lo pusieron en el maletero y se encaminaron a la casa, Tania llamó con el manos libres a Raúl,

Señor, ya tenemos todo, vamos hacia casa.
Bien, baja con ella y prepárala, llama a la masajista y que le se ocupe de Diana para que no se aburra. ¿Has cogido todo lo que has querido, Diana?
Sí, muchas gracias.
Cuando llegaron Tania desapareció en el ascensor con Carla, Diana se fue a su habitación, allí la estaba esperando una mujer asiática con una camilla, le dijo que se desnudase y se tumbó en la camilla para recibir un buen masaje.

Eran casi las nueve cuando llegaron los chicos, se reunieron con Diana en la sala del primer piso. Cenaron los tres, poco después de terminar Raúl llamó a Tania por teléfono,

¿Está lista? Bien, quiero verla, subir.
Al momento se oyó subir el ascensor y los tacones de dos mujeres acercarse, apareció Tania con una cajita de madera en las manos, seguida de Carla. Estaba totalmente desnuda, salvo una pequeña faldita negra casi transparente que apenas le tapaba su pubis, le había depilado su sexo totalmente, no levantaba la mirada del suelo.

Estoy muy complacido. Sabes que no podrás llevar otra ropa mientras estés en la zona privada, si yo no te autorizo o si no te la has ganado. También sabes que deberás hacer todo lo que te indiquemos alguno de nosotros, incluida Tania, sin límite.
Sí señor – contestó Carla sin levantar la vista.
Ahora Ricardo te colocará tu regalo para que te vayas acostumbrando.
Tania le abrió la caja y él cogió un plug anal metálico, Carla se aproximó, se colocó inclinada dándole la espalda y se abrió las nalgas con sus manos. Ricardo aplicó lubricante en el plug y en el ano y se lo introdujo despacio, cuando la parte más ancha pasó, el resto fue absorbido de inmediato hasta alcanzar el tope. Desde atrás se veía el tope redondo con una “C” hecha con cristales de colores.

Bueno, ya podéis bajar. Tania espero que cumplas con tu cometido.
No se preocupe señor.
Las dos mujeres se marcharon. Diana estaba un poco asustada, quizá se había desmadrado todo,

¿Qué le va a hacer?
No te preocupes, sobre todo me gusta la estética sado, pero no soy un amo muy riguroso, Tania a parte de mi exnovia es mi esclava y no tiene muchas marcas que digamos, ¿verdad? Ahora la sujetará para que no pueda moverse o tocarse y le pondrá un tanga con vibrador, el cometido de Tania es que no llegue a correrse hasta que bajemos nosotros, si se corre y lo compruebo en las imágenes de las cámaras, será ella la que reciba mi castigo. Verás lo cachonda que está cuando bajemos. Ahora puedes ir a vestirte para la ocasión, le he pedido a tu masajista que se quedase para ayudarte con la ropa que has comprado.
Después de más de media hora apareció Diana, hasta Ricardo se quedó con la boca abierta, llevaba un corsé de cuero negro, sus pechos quedaban al aire, pero sujetos por debajo, pantalón de cuero rojo con una cremallera que permitía abrirlo para dejar acceso a la vagina y al ano y unas botas de cuero negro por encima de la rodilla. Los dos le dijeron lo sexy que estaba. Tomaron el ascensor, Raúl metió una llave para poder acceder al sótano (Tania y él eran las dos únicas personas que podía acceder abajo). Al llegar abrió con llave otra puerta muy gruesa, un par de metros de pasillo y otra puerta más. Accedieron a una sala muy amplia, con una cama redonda de más de dos metros de diámetro y diversos instrumentos de tortura, en la pared había látigos, fustas, esposas y otros utensilios. Carla estaba en un lateral, sólo llevaba un tanga, su cuerpo formaba una “X” le habían sujetado las muñecas con dos cuerdas al techo y los tobillos a una especie de barra que hacía imposible que juntase las piernas, también llevaba una mordaza de bola en la boca,

Le he tenido que poner la mordaza, no hacía más que pedirme que parase o que la dejase correrse – seguro que le habrían dado el brebaje para ponerla todavía más cachonda.
Diana fue a su espalda, todavía llevaba el plug insertado, lo movió un poco con su mano, provocando los gemidos de Carla. Raúl le retiró la mordaza,

Bueno, ¿estás preparada para recibir a tu amo?
Sí, sí lo estoy – dijo respirando pesadamente.
Ya lo noto, perra – dijo Raúl tocando su empapado sexo bajo el tanga – Pero antes nos divertiremos un rato.
Raúl fue hacia la pared y cogió un látigo con varias tiras de cuero, Tania le quitó el tanga. Raúl se puso a su espalda y comenzó a azotarla en cada nalga, sin darle muy fuerte. Paró unos segundos, luego volvió otra vez, le daba varios azotes ligeros y luego otro más fuerte, así lo hizo varias veces, después empezó a hacer lo mismo en el interior de sus muslos y un azote suave en su sexo. Carla se retorcía,

¿Te gusta perrita?
Sí, gracias amo.
Pasó a la parte de adelante y le hizo lo mismo, luego le dio el látigo a Ricardo para que siguiese y fue otra vez hacia la pared. Ricardo le daba más flojo, no quería pasarse de fuerza. Raúl regresó con una fusta, cogió el látigo y le puso el mango en la boca de Carla para que lo mordiese,

Espero que no se te caiga o tendré que castigarte en serio.
Se situó a un costado de Carla, con la punta de la fusta empezó a acariciar todo el cuerpo de la mujer, sobre todo sus pechos y su sexo, al poco rato ya estaba gimiendo, pero eso no era lo que quería Raúl. Cuando menos lo esperaba situó la punta de la fusta junto al pezón y empezó a darle golpecitos, de tal forma que sólo le daba en la punta, no en el pecho, se notaba que tenía práctica, no fallaba ni un golpe, los pezones de Carla se pusieron más duros aún, sus gemidos eran mezcla de dolor y de placer, pero sabía que no debía moverse para intentar evitar el castigo.

¡Muy bien perrita! Veo que Tania te ha enseñado bien, no muchas han aguantado sin moverse a la primera. Ahora podrás tener lo tuyo.
Le desataron las manos y la llevaron a una mesa estrecha y acolchada. Seguía con los tobillos amarrados a la barra, así que le costó llegar, le apoyaron el tronco en el potro, desde la cabeza hasta un poco por debajo de sus pechos le quedaban colgando y le ataron las manos a la espalda para que no las pudiese utilizar. Su sexo y su culo quedaban totalmente ofrecidos, a disposición de ellos.

Los dos hombres se desnudaron, Tania le trajo una cajita a Raúl, tenía unas pinzas y unas campanitas,

Espero que pronto pueda ponerte las que he comprado para ti, cuando tengas agujereados tus pezones, de momento te pondré estas, espero no dejar de oír las campanas, si gritas demasiado tendré que cambiarlas por otras que sean más grandespara poderlas oir…
Puso las dos pinzas en los pezones, Carla se mordió el labio por el dolor, de ellas colgó dos campanitas, aunque no las más pequeñas. Ricardo se puso detrás y se la metió sin muchos miramientos, hasta dentro, cada vez que empujaba golpeaba el plug de su culo. Raúl se colocó delante, Carla abrió de inmediato la boca y comenzó a mamar. Diana estaba sentada en un sillón, acariciándose los pechos y su sexo, por encima del pantalón. Raúl le hizo una seña a Tania, que se fue hacia Diana, se arrodilló entre sus piernas, le abrió la cremallera y comenzó a lamer su coñito. Después de un buen rato Carla estaba cansada por no poder usar las manos ni apoyarse bien, se empezó a correr, sus gritos quedaban ahogados por el pene de su boca. Los hombres cambiaron de posición. Llevaba unos cinco minutos mamándosela a Rick y se la sacó de la boca, necesitaba descansar. Diana se levantó del sillón, agarró el látigo de tiras,

¿Te has cansado puta? ¡Yo te daré energía para seguir!
Descargó cuatro latigazos bastante fuertes en la espalda de su amiga. Ella casi ni se quejó, abrió su boca y siguió chupándosela. Raúl estaba muy, muy satisfecho con lo que veía. Al final Rick se corrió en su cara, cuando Raúl aceleró el ritmo también se corrió Carla, que no pudo reprimir los gritos, que desde luego taparon el sonido de las campanas y al poco Diana le empapó la cara a Tania con sus jugos. Raúl también se salió y fue a la cara de Carla para correrse sobre ella.

Se marcharon los tres dejando a Tania atendiendo a Carla. Se fueron a dar una ducha, Diana estaba muy preocupada, ya se le había pasado la euforia del momento y pensaba que quizá se le había ido de las manos. Carla estaba acostada en su habitación, Tania la había lavado y rodeado con un paño de lino que tenía impregnado algo muy aromático, estaba medio dormida. Le preguntó qué tal estaba,

Muy cansada y muy feliz, no te preocupes.
La dejó dormir para que se recuperase. Cuando volvía para su habitación vio a Raúl en una de las terrazas, se acercó a hablar con él. Le preguntó qué tenía de Carla para asegurar que no hablaría y le dijo que tenía unas grabaciones de las cámaras de seguridad de la casa de Carla (instaladas por su empresa) en las que se la veía manteniendo relaciones con el hijo de su jardinero, que por aquel entonces tenía 15 añitos, y cuando todavía vivía su marido,

Es lo que pasa si no orientas bien las cámaras, que pueden grabarte en zonas teóricamente no cubiertas. Seguro que a sus hijastros les encantaría verlas. Pero si las hubiese sacado a la luz, ella se habría interesado por mi, por mis negocios y por hundirme, cosa que no me conviene. Por eso sólo hay que usar la información cuando es útil.
Diana suponía que también habría grabado algo de esa semana, Raúl se lo confirmó, pero le dijo que nunca traicionaría a un amigo,

Por cierto, si algún día te cansas de tu marido, te recibiré con mucho gusto. Tienes algo muy especial y seguro que nos entenderíamos muy bien.
Seguro que estaría trabajando de puta antes del primer mes.
¡Ja, ja! No lo sé, pero en todo caso serías una prostituta de superlujo, no hay muchas que tengan lo que tienes entre las piernas y tienes un don para ser una ama muy perversa.
Le agradeció sus palabras, le dio un beso en los labios y se fue a dormir.

Al día siguiente desayunaron los cuatro en el jardín, Carla llevaba una ropa mucho más cómoda que los otros días, se la veía sonriente y relajada. Los dos chicos subieron al primer piso y ellas se quedaron solas hablando un rato, le dijo a mi mujer que había pasado un poco de miedo y que le había dolido un poco, sobre todo cuando Raúl le dio con la fusta en los pezones, pero que jamás había gozado tanto como en esos días. Subieron a la primera planta, Diana tenía que preparar la maleta para regresar. Se reunieron los tres en la habitación de Diana y Rick y se pusieron a hablar, a los diez minutos apareció Carla, llevaba puesta la faldita transparente sólo y llevaba la cajita del plug en las manos, nadie se lo había ordenado, pero sabía cual era su obligación.

Pensé que quizá el señor desease ser él quien me lo pusiese – le dijo a Ricardo.
Cogió el plug y Carla se puso en posición, ya se había aplicado lubricante, así que entró muy fácil.

Estoy muy satisfecho contigo perrita, ya sabes que tienes que prepararte para la próxima vez que vengan, le tendrás que dar tu culo a Ricardo -le dijo Raúl acariciando el pubis de Carla con un dedo.
Sí amo, estaré muy complacida de recibirlo dentro.
Por cierto, esta tarde tengo una sorpresa para ti, vendrán unos amigos que quieren conocerte, pero no te preocupes, no te reconocerán, ni tú a ellos, llevarás una máscara. ¿Quieres recibir a mis amigos?
Si eso le satisface, a mi también.
Al mediodía se despidieron y se fueron, aunque se quedaron con la duda de qué pasaría esa tarde. Cuando nos encontramos Sandra y yo con ellos, a Diana se la veía cansada, aunque había pasado la mayor parte del viaje dormida. En cuanto llegamos a casa se fue a dormir, no fue hasta el día siguiente cuando me contó sus aventuras y esa noche me mostró su vestuario sado recién adquirido, ¡qué maravillosamente sexy está vestida así! ¡Vaya culo que le marca! Por supuesto no me pude contener e hicimos el amor hasta altas horas.

Una semana después mi mujer recibió un paquete certificado, contenía varios dvd, tenía grabaciones de los encuentros sexuales en casa de Raúl y una nota en la que le decía que eran de recuerdo, que Carla no abriría la boca, salvo si había algo para chupar… El último dvd contenía más de 4 horas de grabación y se titulaba “Tarde con amigos”, Raúl había invitado a sus 4 socios, los mismos a los que Carla y su difunto marido habían paralizado el negocio. Tanto ellos como ella llevaban máscaras que sólo dejaban ver los ojos y la boca, ella no los había visto, pero ellos sí que sabían quién era, iba a ser el regalo de Raúl a sus colegas. Se la follaron de todas las formas que quisieron, hasta por el culo, dobles penetraciones, cada cierto tiempo ellos se retiraban a un vestuario a quitarse la máscara y refrescarse debido al calor, a ella sólo le dejaron ir un par de veces. Menos mal que los tíos no estaban muy dotados, pero se notaba que se habían tomado viagra u otra cosa similar, porque aguantaron como bestias y se corrieron varias veces cada uno. Respecto a Carla, perdimos la cuenta de cuántos orgasmos tuvo, tantos que se tuvo que quedar un día más durmiendo en casa de Raúl. Después de este regalo creo que Raúl ya ha recuperado totalmente el respeto de sus socios. Carla ha hablado con Diana, le he agradecido todo lo que le ha hecho descubrir y le ha dicho que ya se ha hecho los piercing en los pezones, que en cuanto le cicatricen llamará a Raúl para enseñárselos. Ricardo está buscando fechas para poder tener su culo.

Bueno chic@s, espero que no me haya enrollado demasiado. A ver si os preparo otro relato con la primera “doble” de Sandrita. Un saludo y buenos orgasmos para tod@s.

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